Donde quiero dejar mis zapatos es debajo de tu cama es una novela fresca y  divertida compuesta por diversas historias independientes de amor y desamor de  protagonistas femeninas. Alexandra, Diana, Carolina, Laura, Cristina, Eva, Almudena, Sofía, cuyas historias nos trasladarán a lo largo del tiempo y de ciudades, que fueron cómplices de un amor único y especial. El amor es lo que mueve el Mundo… y cuando lo perdemos soñamos con él, con volver a caer en  sus brazos. Sin él nada tiene sentido. ¿Es posible vivir sin amar?

Cada Martes, la belleza y el amor tienen una cita en Pluma de Oro. Os tocará el corazón.

 

DONDE QUIERO DEJAR MIS ZAPATOS ES DEBAJO DE TU CAMA

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ALEXANDRA

Estudiante de Piano de la Sorbona en París 1994, 21 años

Lo mío con Alexandra tiene que terminar, se me esta escapando de las manos. De mis manos a sus pechos firmes, jóvenes y turgentes. Es una adolescente rebelde y adorable pero sus deseos sexuales incontrolables de estas últimas semanas es una oda a la lujuria. No deja de amarme y recorrer mi cuerpo sin descanso, sin prisas, sin promesas.  Es lo que cualquier hombre idolatra. Nadie dice no a la belleza, a ver el paraíso en sus azulados ojos brillantes, pero no debo seguir acostándome con ella. No sabe lo que es el amor, ni la importa, pero cuando lo descubra, será demasiado tarde. Yo tampoco lo reconozco lo perdí hace muchos años cuando el amor de mi vida no podía seguir viviendo en el mismo lecho con miedo. El miedo se apoderó de ella y nos separó. Hace años que solo necesito acostarme con mujeres sin necesitar mas de ellas, que lo las pueda ofrecer un cuerpo fornido y atormentado, para hacerlas sentir placeres sin preguntas.

Es mi alumna desde hace dos meses una de las mas brillantes del Conservatorio de Música de la Sorbona. Tiene grandes aptitudes para el piano, pero no peores que las actitudes debajo de él. Termina por convencerme y relajarme, en el suelo, en el pasillo, en el sillón, menos en el piano que no es mío, sino de mi socio Marcelo que esta de viaje en Lyon por unos asuntos familiares. Montamos juntos esta escuela de música hace cuatro años, y él no podría perdonarme que utilizara su Schimmel de su padre, para mis desenfrenos, aunque se emitiera música celestial “a Capella”

Las ultimas visitas fueron las que detonaron su deseo sexual más desbocado, después de que Alexandra dejara  su novio del instituto desde hacia tres años. Era demasiado joven e imberbe para ella, aburrido, y nada interesado por el sexo. No le servia para vivir con pasión.  A ella le encanta esta palabra. En todas su formas y expresiones. En cada gesto y mirada me desarma.

Quiere dejar de vivir con sus padres, y que busquemos un piso cerca de la Escuela de Música o del Conservatorio. Esta como loca con la idea que vivamos juntos, y la he dicho mil veces que no. Que se cansará de mis besos, de mis abrazos, de mi cuerpo, de cómo hacemos el amor que solo es una ilusión en una etapa rebelde de su juventud, y yo su simple marioneta de corazón inerte. Mi piedra en el pecho no puede amar las mujeres ya lo hizo y se rompió en mil pedazos. Solo puedo hacerla daño y no quiero que eso suceda. Ella tiene que descubrir el sufrimiento a su tiempo, y sin mi ayuda.

La voy a dejar de dar clases de piano,  y de alcoba. Le pediré a Marcelo a su vuelta, que se ocupe de su carrera realmente quiere llegar a ser pianista. A veces lo dudo, solo veo a una niña caprichosa que quiere vivir deprisa sin importarle que la vida es algo más serio.  Hoy es su cumpleaños, cumple veinte y una primaveras. Hoy aunque no sea el mejor día, si será mi mejor regalo, nuestra ultima noche juntos. Será nuestra despedida. La diré que me marcho a otra ciudad, y que la vendré a ver una vez al mes. Lo entenderá. Ella siempre lo hace.

 

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